12.11.2005

Y el mar sangró en la orilla



Y el mar sangró en la orilla

a pesar de la brisa que criaste con ternura.

La arena ennegrecida no supo más de tí,

olvidó tus huellas y tus manos

tras olas frías desprendidas del ayer.


Y los barcos que mendigaban sus destinos

desprendieron de sus cuerpos frágiles maderos

que duermen en el fondo de un abismo

esperando flotar con fe perdida

y ver el rojo ocaso de algún cielo.


Caracolas silenciosas a mis pies,

eternas e infinitas,

guardan las palabras de su miedo.



El mar sigue sangrando

y hasta el sol que vive en su reflejo

agoniza.




Erick Strada

11.11.2005

Desvarío II



Hay cosas que no necesitan de nosotros.
Ayer fue mi cordura
y hoy unos insectos que habitan en mis manos.

Han decidido darme ahora una función.
Dicen conocerme tanto
que opinan que mi boca está de más
y que nada va a escapar a sus saberes
(sus saberes saben más que mis ensueños)

Siéntate, lee.

Y se mueven diez gusanos frente a mí,
retorciendo sus cabezas para mi deleite.

A veces sus palabras son incomprensibles
(idioma de gusanos
idioma superior a mi intelecto).

Sabe Dios si las llegaré a entender.

¿Quién es Dios?

Dios es un viejito que lo sabe todo,
y es casi tan viejo
como el Dios que estuvo antes de él.
Deben gustarle estas funciones,
es un Dios muy erudito,
es un Dios que ha leído más que yo
y más que el Dios que estuvo antes de él.

Yo nunca he comprendido a estos insectos,
ni a estos diez que no trabajan a la par,
ni a ese Dios con cabeza de gusano
que a veces se ejercita rompiendome las uñas
o robándose mi almohada a medianoche.

No sé si acaso me escribió con lucidez.
No lo culpo. Puede que una tarde
llegue a descubrir que no lo estaba.
A veces está ebrio el pobrecito
y lo perdono
pues no sabe lo que hace.

Y no sé si formo parte de su mano
o es que me retuerzo sin motivo.

Nunca entiendo, nunca entiendo,
a estas criaturas que renuncian a mis manos
para olvidarse así de mí.

Se irán como se fue Dios,
sabiendo mis verdades y mentiras.
Y no puedo hacer más nada
por ser como antes del olvido.
Se van y no regresan.
Hay cosas que no necesitan de nosotros.





Erick Strada

10.13.2005

He vuelto



He vuelto de mi polvo y de mis huesos
a cavar en su memoria un hondo hueco
donde se entierren las palabras y los odios
de recuerdos que en su mente resucitan.

He vuelto a vivir entre sus vidas
y a buscar entre lágrimas sus risas.

Existo como antes, pero mi alma
es ahora tinta sobre un libro envejecido,
y mi voz es ahora como un frío
que va desde el recuerdo hacia el olvido.

He vuelto entre sonidos y entre versos
a navegar por los ríos de esta falsa eternidad
que inundan algún mar de pensamientos
y de historias que se pierden con la edad,
esperando, como yo, a ser contadas algún día
o quizás, indignas de la suerte de vivir,
sean condenadas otra vez

a morir lentamente en un cajón.

8.24.2005

Aforismos II

Algunos sueños parecen estar hechos de hielo: Pueden congelarte el corazón, casi carecen de color y muchas veces se derriten en tus manos...

8.14.2005

Sin Título IV



Perdona que no hables.

Mi voz ha desterrado tus palabras.

Los sonidos han muerto en tus labios.



Perdona el no verte sonreír.

Tu boca ha olvidado la alegría.

Los gestos ahora son eternidades.



Perdona no sentir tu respirar.

Mi piel ha perecido sin tu aliento.

Tu pecho ya no es más que sólo frío.



Perdona no sentir tu palpitar.

Mis oídos sólo oyen el silencio.

Tu corazón está muy quieto.



Perdona que no esté más a tu lado.

Mi vida aún me cuelga a este mundo.

Tu recuerdo se ha quedado, nada más.



Perdona que no leas mis palabras.

Perdóname dejarte partir lejos.

Perdóname por dejarte sola.

7.25.2005

Insanías V



Poco después de despertar, poco después de desayunar, sentí el deseo de congraciarme con el Sol. Ya afuera, en el patio, fui testigo de la terrible travesía de un pulgón verde a través de 5 metros de suelo, cruzando en su camino una autopista de hormigas.

A lo largo de 30 minutos contemplé su caminar. Entre eternidad y eternidad el pulgón movía pata a pata su redondo y verde cuerpo, sorteando invicto todo ese tráfico, y yo, nervioso, pensaba que si alguna de las muchas hormigas se topaba con ella, la iba a llevar como postre; sin embargo, en esos 30 min. ninguna de las cientos de hormigas que pasaban se la encontró. El bicho se movía y se detenía cada cierto trecho. A veces soplaba el viento y él se aferraba estoicamente al piso, intentando llegar a su misterioso destino. El Sol me quemaba las manos, pero aquel ser me estaba poniendo los pelos de punta con su pausado avanzar. ¿Es tan escasa la probabilidad de que, en un área de 1 m2, 400 hormigas o más no se choquen con un pulgón verde que transita por ahí a paso de tortuga?. Pensé que aquello era extraordinario, pero casi al salir de ese río de puntitos cafés, uno de ellos hizo una trayectoria directa hacia el consecuente pulgón. ¡Qué horror!, ¡Hey, tú, corre, corre por tu vida!. Las antenas del insectillo tocaron las patas de mi amigo verde, le puso una pata en la cabeza y luego, con el desprecio más tranquilizador que vi en estos días, siguió su camino de largo y no le prestó más atención. El rastro de feromonas dejada por la hormiga fue seguida por algunas otras, pero le hicieron igual caso a aquel lento caminante. Ninguna le arrancó alguna de sus seis extremidades ni se la llevó en peso ni nada parecido. ¿No me había enterado que las hormigas comunes no comen pulgones verdes?. Era una posibilidad. Mi preocupación y ansiedad resultaron absurdas. Quizá él sabía lo que hacía y yo era un estúpido que creía que aquello era el fin de su mundo, por muy poco complejo que sea. Un error de percepción me había sumido en una gran angustia.


El aire se había llenado de una tibia paz que hizo que me detuviera a observar las nubes. Grandes cuerpos que semejaban dioses capaces de convertirse en cualquier cosa y tomar las formas más incongruentes. Ninguno de los dioses detuvo su camino. Tal vez yo era muy pequeño para que me vieran... tal vez.


Oí la voz de mi madre hablándome. Algo me decía y yo no entendía. Se acercó y, ya llegando a mi lugar, su pie izquierdo reposó por medio segundo sobre el suelo, esperando de seguro a que el otro pie haga lo suyo. En un instante, espacio y tiempo conjugaron una fórmula letal. Ya el pulgón verde, alejado de todos esos pequeños seres que le habían permitido vivir, era ahora sólo una insignificante mancha repartida entre el piso y la suela de un zapato. Centímetros más allá yacían también otras manchas más oscuras, de 5 ó 10 hormigas sucumbidas ante el mismo desastre.


Pensé que era mejor que todo siga su curso y que cada uno debía arreglárselas como le haya enseñado la experiencia. Más hormigas siguieron, y más pulgones también. Así era como sucedía, el fin del mundo estaba a la vuelta de la esquina y todo lo demás seguía como es necesario que siga. Me dí cuenta que había sido testigo de una calamidad de la que muy pocos se hubieran enterado, pero esos insectos no murieron en vano. Ahora yo estaba quieto y ya no era necesario estar ahí, tenía que hacer otras cosas y dejar atrás los muertos. Ellos no se detuvieron y era de suponerse que yo prentendía ser más listo. Ya llegaría el día en que yo también seré aplastado, e imagino que aquel gigantesco pie seguiría también su camino, después de todo, mi madre tampoco se detuvo.


Erick E. Estrada Q. (PoetaMuerto)

12:48 a.m. 25/07/2005

7.21.2005

Sin Título III


Aquellos se retuercen en dolores,
han ahorcado sus palabras con la lengua
y yacen como manchas en el suelo.

Aquellos lloran en silencio
y besan a la nada,
dibujan formas casi vivas
en las puertas de la noche.

El destino ha olvidado su pasado.
Su corazón está oxidado eternamente.
Aquellos no recuerdan ni sus rostros
ni el infierno que alimenta su penar.

Aquellos sobreviven en el tiempo
ahuyentando los delirios del hablar
y conviven con la gracia que separa
los silencios tontos
y el pensar.

7.02.2005

Sin Título II



La luz se desvanece,

éste brillo entre el alma y nuestra piel,

débil rayo que alimenta ajenos sueños

e ilumina las bondades de los hombres,

poco a poco entre estrellas se disuelve

y va dejando ciegas las miradas.




Ya no queda el resplandor,

ya no queda ni mi alma,

ya no queda

nunca más.

6.22.2005

LO QUE QUEDA DEL SILENCIO




La noche es nuestra, y este frío, esta quietud, esta penumbra con la que nos gusta envolvernos para salir a cazar nuestras miradas camufladas entre lo frondoso de nuestros pensamientos. Siempre supe que tus ojos me dirían algo aunque no traspases mis pupilas con las tuyas, y aunque las tinieblas oculten por completo tu rostro. No hace falta luz para escuchar tus palabras, ni voz para oír tus miradas. No hace falta tocar tu piel para sentirte cerca o para saber si estás distante.

Encenderé un cigarrillo. Disfrutaré viendo al fuego parir cenizas muertas que van cayendo como lágrimas del infierno. El humo siempre ha conquistado tus suspiros y ambiciones, y sé que en él incineras el dolor de estar aquí, sintiéndome también sin verme, odiando mi presencia, al igual que yo odio la tuya.

Luce lóbrega esta cita. Te aseguro que nadie nos entendería. Las personas nunca entienden lo que no pueden aprender, y ni tú ni yo les vamos a enseñar. El destino no nos hizo maestros, no lo seremos. Somos dueños de aquello que no cabe por los ojos o la mente. Somos los filósofos de lo inmundo. Está claro que fuera de estas paredes no hay más cosa que el mundo humano, y nosotros ahora somos más que eso: somos dos exiliados de la realidad.

Ni las caricias del viento lastimándote la cara pueden quitarte de mi lado. No pueden. Sólo yo conozco los placeres de tu alma, sólo yo reconozco la sonrisa impasible que se oculta entre tu piel cuando el vacío llena tu vida y tu corazón.

Criatura insolente que observas mi tortura, no eres sino el verbo desdeñado de una oración. Deja esta morada que repudia tu presencia. Deberías irte fuera de los tiempos y protegerte en el olvido. ¿Acaso no podrías hacerlo?. Veo tu sombra junto a mí. Maligna esa Luna que crea esas siluetas oscuras en la noche, arrastrándose como demonios condenados a estar siempre con nosotros, caminando en nuestros pasos, imitando cada movimiento con sus burlonas formas, recordándonos que existimos todavía.

Y tú provocas que recuerde lo que eres. Hace sólo unos momentos tuve una mejor compañía, y tú deseaste alejarla de mi lado. Obsérvala, su mirada se desliza ahora en las tierras que soñó junto a mí. La quiero mucho más que como supe hacerlo antes por ti, como el sueño que se prefiere antes que la realidad. Ella también era amante del fuego, y también le arrancaba cenizas a su infierno. Largas horas la miraba, extasiado, sumirse en los más lejanos pensamientos, en su silencio salvaje, sosteniendo entre sus dedos la colilla de un cigarro refulgente, como una diosa inmortal con el cetro que destruye cruentos mundos.

Esa piel sobre su cuerpo no protegía su existencia. Sus manos y sus dedos vacilaban al tocar la realidad. El idioma de esos dedos era la ciencia más divina, y tanto amaba yo sus dedos, que decían mil palabras, más que los silencios que la habitan esta noche.

Sólo has quedado tú conmigo, pero extraño su respiro, extraño su dolor viviendo en mí. Debo quedarme junto a ella, ver sus ojos navegando en el vacío, su boca abierta escondiéndome la vida, y sus dedos que no me dicen ahora nada.

Tu cetro ha caído hoy, mi diosa; tus manos me hacen falta, ya no tengo tus palabras, tus dedos están fríos. El fuego se ha extinguido... ¡Diana! ¡Diana!, maldita sea... ¿por qué me dejaste solo?...





Erick E. Estrada Q. (PoetaMuerto)

6.17.2005

Insanías IV



¿Se diría entonces

que la poesía y la sabiduría

consisten en convertir en bellezas

las tonterías?



(...moriré intentando averiguarlo)

5.28.2005

Insanías III



Miren el cielo. Quedarse ciego es un placer que imita la ignorancia. Si el azul atrapa su pensamiento, si la imaginación es dulce, si la vida les alcanza, dibujen corazones en las nubes. Al cerrar los ojos, toquen con sonrisas ese sueño, despréndanlo de las manos de la vida. Si sus dedos aún existen, acaricien la infinita comprensión que se envuelve entre sus párpados, oigan las voces que entre sedas les cantan mil canciones. Cuando el aroma de su aliento se escape entre tristezas, y cuando su alma alcance las estrellas, sólo sigan las estelas de sus sueños, vivan entre ellas, tras sus ojos, y cuando un día vuelvan a existir, sabrán lo dulce que es la vida, como dulces son los sueños, y como dulce es el morir.


5.22.2005

EPISTOLARIOS I

(...)

Reconozcamos la realidad de la vida, sus limitados presentes, sus contados pasados y sus infinitos futuros. Lo contemplamos todo bajo el ojo del presente, y lo bello del mismo, sea que lo hayamos procurado como tal, entonces será satisfactorio, y para mañana será el recuerdo igualmente así.

Imaginemos el hecho de que me llegue una bala perdida o me apuñale un ladrón. Mi muerte habrá sido con el recuerdo de la satisfacción de ayer, pero con el enojo y el miedo del momento de mi muerte, claro. Lo realmente trascendente no habrá sido mi ayer, sino lo que hizo que me encontrara en la circunstancia en que fui muerto, y veo entonces que el sentimiento más fuerte de regocijo, rabia o tranquilidad, va a darse en mi muerte.

La satisfacción de ayer habrá quedado en el ayer y en el hoy, futuro de ayer. De hecho, no podría haber adivinado lo que iba a pasar, pero tampoco era imposible que sucediera. Esta satisfacción, casi secundaria, no tiene un momento de forzosa quietud. El recuerdo, siempre relativo, va a trasladarse en el tiempo y va a detenerse en la muerte, en donde no se recordará más, o ya no tendrá efecto alguno en mi vida, pues ésta ya no se dará. Asimismo, la serie de hechos, fortuitos o no, que llevaron a mi muerte, será importantes en el momento. Las dos cosas van a tener importancia en el día de mi inexistencia.

Lo relevante de una línea dibujada sobre un papel, va a ser el final de esa línea, la cual nos va a señalar cuán larga es. Es importante, tanto como el empiezo. La línea no va a existir si no existe un punto de origen y un punto de término. Si mi vida ha empezado, será igual de importante que mi nacimiento, mi muerte, porque en ella se medirá la longitud de mi felicidad, línea de vida, pero ésta concentrará su importancia en los mencionados dos puntos, y, dado que no tuve el control del día de mi nacimiento, queda considerar relevante a mi muerte.

Si tuviéramos un círculo, en el que el punto de inicio y el del final parecen no existir, tendremos una simple deducción, pensándolo como un fenómeno racional: el círculo no pudo dibujarse sin tener un inicio, pues sino no estaría allí.

Si el que dibujó el círculo es o no la misma persona en ese entonces, siempre estará conciente de que hay en algún lado un origen, aunque él mismo no pueda hallarlo. Respecto al fin, es obvio que también el círculo contiene uno. Cabe también la posibilidad de que el dibujante continúe dibujando el círculo, entonces no hay un final aún.

El círculo va a ser una línea infinita para todos los demás, pero no para el que lo trazó, a menos que pierda la conciencia de él mismo y de su acción. Es dios ante todos los que admiran la circularidad.

(...)

El hecho concerniente a mi vida, como ya dije, es el término de ésta, y me es inherente; tengo posibilidad de manejarlo. Sin embargo, luego de la vida, no puedo pensar racional ni lógicamente en algo, porque, sencillamente, luego de la vida, ignoro todo, y no puedo preocuparme (al no tener hechos comprobables) en algo que desconozco.

5.11.2005

El Viento



Yo tuve alguna vez al viento
en mis manos,
congelando mis dedos,
y no pude verlo.

Y lo tuve dentro mío
en mi pecho,
escapando por mi boca,
y no pude verlo.

Yo tuve alguna vez al viento
susurrándome al oído
el secreto de la vida,
y no pude oírlo.

Y lo tuve por las tardes,
secando mis lágrimas
con suaves manos
invisibles.

Y un día se fueron mis palabras
junto a él,
los recuerdos y los años,
todos ellos me dejaron.

Y desperté veloz
renacido en un aliento
alejándome de un pecho
que en tristeza repetía:
"Yo tuve alguna vez al viento".

5.04.2005

LA TARDE INVISIBLE




La tarde invisible
se metió entre tus venas.

Tu corazón helado vio morir
su reflejo,
tu vida dibujada al amanecer,
el rostro pálido escapando de la noche;
esa noche
que ocultó tus pensamientos
en las sombras de una calle
desolada.

Existen ecuaciones en la vida,
superiores a la mente y a las ciencias.

Ánimas, operaciones incompletas,
existen por la inútil matemática
de los días
sumados al latido que alimenta
el hábil condimento de la voz
que se apaga,
como rojo fuego ensombrecido
y devorado por la crueldad del sol
que se aleja.

La humedad, perpetuando los recuerdos,
en mi rostro hace mágicos deslices.

Prodigios mudos logran estas tardes,
y estas noches que enfriaron la tibieza
de tus manos,
y esa sangre que enfermaba tu destino,
y que sólo la mañana del ayer
vio vivir.

4.30.2005

Sin titulo I



Frente a la pared, junto a una mesa,
acompañado de una tarde, bajo el cielo,
en la mano de un dios, junto al fuego,
y en la tierra, sobre el suelo,
dentro mío, en los huesos,
en la sangre y el espejo
existo...............aún.

Sociedad

Durante casi toda la historia humana, ha sido preciso y grandemente necesario el crear reglas generales para una convivencia en sociedad. Me ha sido inevitable ver además, la infinidad de costumbres, gustos, acciones -algunas de ellas aparentemente sin sentido- e infinidad de observaciones sobre nuestro estilo de vida, lo cual distrae amenamente mi atención en muchas ocasiones. Al pensar en ello, pude cuestionarme si realmente había el reflejo de la “identidad” de cada individuo, que se manifestase de manera trascendente en el común correr de nuestra vida como pueblo y también a nivel personal.

Con la cuestión de las reglas, es muy evidente la razonable acción de éstas para el beneficio de todos, los mismos que dieron origen a las reglas, obvio. Se dice que el hombre es un ser social, ¿quizá impedido de lograr grandes cosas por sí sólo?, no lo sé. La frase me origina ineludiblemente esa pregunta. Por otro lado, el hecho de que seamos cierta especie de primates puede justificar en gran medida la reafirmación del ser humano como un ser con necesidades sociales. Cada vez que veo en el cable algún documental sobre monos, chimpancés o gorilas, viviendo en grupos y practicando la imitación para adquirir ciertas habilidades, me evoca graciosamente nuestro comportamiento, con el refinamiento de nuestro lado y quizá debiéramos cuestionar el tipo de inteligencia, como sugería Descartes: los simios pueden hablar, pero no lo hacen para evitar que los pongan a trabajar.

Insanías II



No lo haría, no podría, no he querido ni querría. No lo sé, ya no lo sé. He pensado y resuelto. Sí, ellos me han vencido. Lo he pensado más. Parece claro, pero no, no lo pienso así, pero no creo que pienso lo que en verdad creo. Y no, no podría.

Aforismos I



No salen trinos de la boca de una rana.

EL SÍNDROME DEL BORREGO



Diariamente se observa demasiado el apego hacia arquetipos desgastados que norman diariamente el común de nuestros pensamientos, obra, comportamiento; la sociedad es más que un comportamiento en masa, tal como cualquiera podría comprobar en alguna oportunidad.

El adaptarse al medio no debiera etiquetar o reglar la individualidad de una persona, salpicándola de opiniones y lógicas ajenas a la mente propia. Tendemos a tragar con mundana suavidad lo que otros han digerido, sin pensar algunas veces en si acaso no podemos hacerlo por nuestra propia cuenta, ganar nuestras propias reflexiones, tener un concepto propio acerca de la realidad y las razones que impulsan nuestras mismas razones y complementarse, sólo eso, con las teorías ya existentes para no sumirnos en la actitud de borregos, dirigiéndonos autómatamente hacia donde el primer borrego se dirige.

Este comportamiento no sólo se estanca en un área, pues aún con la típica "rebeldía juvenil", tenemos una juventud regida constantemente por modas, términos, música, etc. lo cual es alimentado por la trivial necesidad capitalista de quienes ven en este segmento humano nada más que granjas en las que recolectar el fruto de sus gastos, en mera actividad mecánica de lucro. Origen de muchos fenómenos, como la cotidiana actitud de la "imitación", en la que un muchacho es inducido a oír cierta música, usar cierto lenguaje o beber alcohol sabiendo que es un comportamiento social muy arraigado y común, viéndolo en sus amigos, en sus padres y familiares, por lo que opta por hacer lo mismo. Tenemos el ya discutido problema de la "Aceptación Social", que subyace a la costumbre inconsciente.

En la absorbente psique adolescente y juvenil, queda proclamado este hecho como lo más apropiado para la vida y su adaptación a los diferentes aspectos de la misma. La adultez llega la mayoría de las veces con una engañosa personalidad y particularidad que no se impulsa pero sí rueda sobre aquellas acepciones iniciales.

Algunos de los más grandes cambios y descubrimientos ocurrieron al alejarse de esa ortodoxia en diferentes sectores y tratar de alcanzar las metas por diferentes caminos. No se habla de la ruptura de una vida en sociedad para quienes no lo quieran así, sino de dejar de lado el constante impulso de recriminar las diferencias de pensamiento, obligando a alguien a abandonar su originalidad, para entrar en el limbo rancio de rumiadas ideas foráneas, y a la vez defender y sustentar con suficiente lógica las concepciones propias, nuestra forma de ser, de comportarnos, de existir, porque cada uno lleva una idiosincrasia, que puede no ser o ser única.

LA FAMILIA Y EL MUNDO FUTURO



Una buena vida, para el común de los terrícolas, se traduce en una familia, integrado en su mayoría (no necesariamente) por: esposo/a, hijos y un perro de esos que salen en los comerciales de TV.
Se asume que la familia debe ocupar una vivienda de aspecto cándido, siendo ideal una casa de campo, alejada de los ruidos y enfermizos gases de la gran urbe.
El hombre -de patillas cortas y con aroma a desodorante fresco- ha de contar con un agradable trabajo, el cual le permita llegar a su hogar a media tarde, aproximadamente. Allí, su bien amada mujer tendrá la comida lista, lo recibirá con un desinteresado beso y enseguida procederá a llamar a los críos para repartirlos alrededor de la mesa e iniciar el rito digestivo (no olvidar que la comida es parte esencial de las relaciones humanas). Luego todos se dirigirán a sus habitaciones a dormir hasta el amanecer. Al despuntar el Sol, la esposa, dama de noble fidelidad, se entregará al menester culinario, con el propósito de alimentar al marido para su buen desarrollo en el trabajo. Terminado el desayuno, él marchará una vez más hacia su labor diaria, después de despedirse con otro beso igual de desinteresado que el día anterior. Los niños imitarán el acto del desayuno, para que, minutos después, se encaminen hacia la escuela, profesando la pulcritud en su vestir, un poco fastuoso peinado y aroma a jaboncillo. Así pronto crecerán, aprenderán alguna monería por la cual alguien les pague, pasarán el 70% de su juventud buscando esposa o marido, se reproducirán y repetirán la larga costumbre de formar una familia, institución que engloba nuestro más primitivo instinto social y que conforma la base más importante para el desarrollo del hombre de todos los tiempos.

El modelo es casi universal. Muy pocos son capaces de concebir la idea, por ejemplo, de un matrimonio subjetivo, en el que cada parte viva por separado, ya que esto significaría una gran confusión para los hijos que provengan de dicho matrimonio, pues el ambiente imperante no permitiría obtener un arquetipo de pareja, en el aspecto práctico; no existiría la deseable accesibilidad hacia los padres, dado que la lejanía física no lo permitiría o no sería lo suficientemente cómodo.
El “matrimonio” sugerido se gana, entonces, el adjetivo de “impracticable”, en perjuicio mayor del producto de ese matrimonio: hijos. Se deduce con todo esto -casi en forma anecdótica- que una solución parcial y muy simple, consistiría en evitar la causa del problema, o sea, los niños, pero -y aquí viene lo curioso- ¡Casi nadie concibe un matrimonio sin hijos!. Esta afirmación posee su razón en sí misma: el fin primordial de una especie, es la reproducción.

Podría sonar muy frío y hasta animalizante, por analogía. No negaré eso, pero nadie puede negar tampoco que estamos algo lejos de dejar de ser animales. Sin embargo pensemos en aquellas personas que piensan en ese objetivo explícito: “Martín, me quiero casar contigo para mantener la especie humana”. ¿Alguien ha oído semejante cosa?.

Personalmente, no conozco a nadie que se preocupe por la continuidad de nuestra raza (y me refiero a la humanidad en general, no chinos, gringos, musulmanes o gitanos). Lo realmente existente es la preocupación por la conservación de algún grupo étnico, por causas diversas y muy propias. Los tiempos actuales son tan críticos que sólo es lógico pensar en tales cosas con fines culturales y no biológicos. La población actual del planeta llega a más de 6 mil millones de habitantes, y con tal cantidad de especimenes, lo práctico es disminuir el índice de nacimientos o eliminar a los individuos menos útiles a la sociedad, los cuales han de ser muchos (y esto es algo que de seguro muchos piensan, y que pocos se atreven a decir).

La utilidad de la familia corre el riesgo de convertirse en nada más que un elemento del folklore, un rito humano que ha dejado de tener utilidad real. Nuestra gente está siendo socialmente programada para algo que no ha analizado en profundidad. El hombre moderno ha inventado millones de artilugios que le hacen la vida más llevadera, pero es incapaz de modificar sus leyes sociales básicas, como la familia, que, en un principio, era de importancia esencial para asegurar la existencia de sus descendientes. Pero ahora que ha llegado el futuro ¿cómo crear nuevas teorías acerca de nuestro rol biológico?.
Somos los seres más refinados del planeta, y aún así, no podemos escapar de nosotros mismos. Vivimos atrapados en nuestra propia naturaleza.

SONETO PREMIER

En una gran hoguera provocada
reuniré a los demonios de este día,
y su olor, sus cenizas y agonía
mezclados con mi aliento, serán nada.

En mi eterno rincón, lejos del frío
y lejos del mundo, en señor del fuego
me torno, y en verdugo, un dios ciego
de ciudad que condena el hastío.

Es toda cruel rutina, hija del mal
que habita en esa urbe que la anida,
un demonio con dientes de metal
que engulle cada hora de mi vida;

y la amargura dulce, nicotina,
es el placer mortal que lo elimina.

AB IRATO

No estoy solo, me persiguen unos Ojos;
me observan, todos ellos me delatan,
y delatan que no existo en realidad.
Lo he calculado, de ellos es el juego,
no siempre lo he sabido, he sido el inocente,
su prisionero, un títere hecho de sueños,
colgado en la ventana del jardín,
un jardín que han creído que es el suyo,
con los huesos y cabezas de infelices.

He caído ahora, he caído en un silencio
hacia el centro del planeta. Soy fuego.
Los Ojos me imaginan condenado,
una sombra de la noche, que no siente
y que yace todavía en la ventana,
sosteniendo una espada de madera,
burdo juguete de esos dioses,
señores de lo oscuro y la impiedad.

Son sabios, sin embargo, aquellos Ojos.
Su mirada de desprecio es conceder
la duda al ver la sangre de los mártires.
Ellos saben lo que aconseja
el silencio puro de la tristeza;
saben acerca de la voluntad humana,
vigorosa razón que no perdura,
pero saben también que la noche
nunca es demasiado oscura
para aquel que no puede ver.

Esos Ojos que viven infinitos
en todos los rincones de este mundo,
me han regalado la vida
y me han quitado la muerte.

He huido ahora de esa plaga cruel
y de los humores asfixiantes
que desechan cada momento al respirar.

Soy fuego y de la tierra he despertado
para vengarme de los hijos de la peste;
cubriré los cielos con los míos,
y esos mismos serán mis prisioneros;
andaré por los desiertos vacíos
y los cubriré con mis enojos.

Soy luz ahora, una luz resplandeciente
y cegadora ante los Ojos olvidados
que nadie ha conocido como yo.
Y mi andar no ha concluido;
aún ellos me persiguen, aún existen esos Ojos,
me observan, todos ellos me delatan,
y delatan que no existo en realidad.

THANATOS



Tu vida mi presencia alimenta
habitando en ti confusa;
tu temor así me acusa
de ser la muerte cruenta.

Soy ahora la dulce agonía
recorriendo tu cuerpo inerte,
soy el silencio que pronto advierte
que por fin eres mía.

...ERGO SUM



Absurdos de la existencia
que dilatan la razón,
la demencia y la estupidez,
acabando con la sencillez
de la vida simple,
de la vida insensible,
y la hacen noble
y la hacen intensa;
el dolor comienza
y la hace perversa,
también confusa.

Sombras blancas juegan
con los pensamientos
de la mente inspirada
y las sombras vuelan
en humos inciertos,
en formas absurdas,
como almas de muertos
nacidas del cigarro,
y de mi aliento frío,
en el ambiente sombrío
de las almas de cigarro.

Con el absurdo silencio
de las mentes innobles
y presas de la demencia
bajo la cruel conciencia
de la noble calma,
moriré desangrado,
acabaré ahogado
en mi propia sangre
antes de tomar un cuchillo
y arrancarme el alma,
para no sentir más
la existencia humana
y la lógica sin razón,
tan absurda,
tan vana.

Insanías I



...Ignoro si un filósofo nunca carga un peso, o un céntimo. Generalmente la cantidad de dinero en el bolsillo de un filósofo es relativo a su improductividad, lo que a su vez es relativo a la ignorancia de la gente en su entorno. Entonces, la cantidad de pesos en tu cartera depende de la estupidez de tu ambiente.