4.30.2005

Sin titulo I



Frente a la pared, junto a una mesa,
acompañado de una tarde, bajo el cielo,
en la mano de un dios, junto al fuego,
y en la tierra, sobre el suelo,
dentro mío, en los huesos,
en la sangre y el espejo
existo...............aún.

Sociedad

Durante casi toda la historia humana, ha sido preciso y grandemente necesario el crear reglas generales para una convivencia en sociedad. Me ha sido inevitable ver además, la infinidad de costumbres, gustos, acciones -algunas de ellas aparentemente sin sentido- e infinidad de observaciones sobre nuestro estilo de vida, lo cual distrae amenamente mi atención en muchas ocasiones. Al pensar en ello, pude cuestionarme si realmente había el reflejo de la “identidad” de cada individuo, que se manifestase de manera trascendente en el común correr de nuestra vida como pueblo y también a nivel personal.

Con la cuestión de las reglas, es muy evidente la razonable acción de éstas para el beneficio de todos, los mismos que dieron origen a las reglas, obvio. Se dice que el hombre es un ser social, ¿quizá impedido de lograr grandes cosas por sí sólo?, no lo sé. La frase me origina ineludiblemente esa pregunta. Por otro lado, el hecho de que seamos cierta especie de primates puede justificar en gran medida la reafirmación del ser humano como un ser con necesidades sociales. Cada vez que veo en el cable algún documental sobre monos, chimpancés o gorilas, viviendo en grupos y practicando la imitación para adquirir ciertas habilidades, me evoca graciosamente nuestro comportamiento, con el refinamiento de nuestro lado y quizá debiéramos cuestionar el tipo de inteligencia, como sugería Descartes: los simios pueden hablar, pero no lo hacen para evitar que los pongan a trabajar.

Insanías II



No lo haría, no podría, no he querido ni querría. No lo sé, ya no lo sé. He pensado y resuelto. Sí, ellos me han vencido. Lo he pensado más. Parece claro, pero no, no lo pienso así, pero no creo que pienso lo que en verdad creo. Y no, no podría.

Aforismos I



No salen trinos de la boca de una rana.

EL SÍNDROME DEL BORREGO



Diariamente se observa demasiado el apego hacia arquetipos desgastados que norman diariamente el común de nuestros pensamientos, obra, comportamiento; la sociedad es más que un comportamiento en masa, tal como cualquiera podría comprobar en alguna oportunidad.

El adaptarse al medio no debiera etiquetar o reglar la individualidad de una persona, salpicándola de opiniones y lógicas ajenas a la mente propia. Tendemos a tragar con mundana suavidad lo que otros han digerido, sin pensar algunas veces en si acaso no podemos hacerlo por nuestra propia cuenta, ganar nuestras propias reflexiones, tener un concepto propio acerca de la realidad y las razones que impulsan nuestras mismas razones y complementarse, sólo eso, con las teorías ya existentes para no sumirnos en la actitud de borregos, dirigiéndonos autómatamente hacia donde el primer borrego se dirige.

Este comportamiento no sólo se estanca en un área, pues aún con la típica "rebeldía juvenil", tenemos una juventud regida constantemente por modas, términos, música, etc. lo cual es alimentado por la trivial necesidad capitalista de quienes ven en este segmento humano nada más que granjas en las que recolectar el fruto de sus gastos, en mera actividad mecánica de lucro. Origen de muchos fenómenos, como la cotidiana actitud de la "imitación", en la que un muchacho es inducido a oír cierta música, usar cierto lenguaje o beber alcohol sabiendo que es un comportamiento social muy arraigado y común, viéndolo en sus amigos, en sus padres y familiares, por lo que opta por hacer lo mismo. Tenemos el ya discutido problema de la "Aceptación Social", que subyace a la costumbre inconsciente.

En la absorbente psique adolescente y juvenil, queda proclamado este hecho como lo más apropiado para la vida y su adaptación a los diferentes aspectos de la misma. La adultez llega la mayoría de las veces con una engañosa personalidad y particularidad que no se impulsa pero sí rueda sobre aquellas acepciones iniciales.

Algunos de los más grandes cambios y descubrimientos ocurrieron al alejarse de esa ortodoxia en diferentes sectores y tratar de alcanzar las metas por diferentes caminos. No se habla de la ruptura de una vida en sociedad para quienes no lo quieran así, sino de dejar de lado el constante impulso de recriminar las diferencias de pensamiento, obligando a alguien a abandonar su originalidad, para entrar en el limbo rancio de rumiadas ideas foráneas, y a la vez defender y sustentar con suficiente lógica las concepciones propias, nuestra forma de ser, de comportarnos, de existir, porque cada uno lleva una idiosincrasia, que puede no ser o ser única.

LA FAMILIA Y EL MUNDO FUTURO



Una buena vida, para el común de los terrícolas, se traduce en una familia, integrado en su mayoría (no necesariamente) por: esposo/a, hijos y un perro de esos que salen en los comerciales de TV.
Se asume que la familia debe ocupar una vivienda de aspecto cándido, siendo ideal una casa de campo, alejada de los ruidos y enfermizos gases de la gran urbe.
El hombre -de patillas cortas y con aroma a desodorante fresco- ha de contar con un agradable trabajo, el cual le permita llegar a su hogar a media tarde, aproximadamente. Allí, su bien amada mujer tendrá la comida lista, lo recibirá con un desinteresado beso y enseguida procederá a llamar a los críos para repartirlos alrededor de la mesa e iniciar el rito digestivo (no olvidar que la comida es parte esencial de las relaciones humanas). Luego todos se dirigirán a sus habitaciones a dormir hasta el amanecer. Al despuntar el Sol, la esposa, dama de noble fidelidad, se entregará al menester culinario, con el propósito de alimentar al marido para su buen desarrollo en el trabajo. Terminado el desayuno, él marchará una vez más hacia su labor diaria, después de despedirse con otro beso igual de desinteresado que el día anterior. Los niños imitarán el acto del desayuno, para que, minutos después, se encaminen hacia la escuela, profesando la pulcritud en su vestir, un poco fastuoso peinado y aroma a jaboncillo. Así pronto crecerán, aprenderán alguna monería por la cual alguien les pague, pasarán el 70% de su juventud buscando esposa o marido, se reproducirán y repetirán la larga costumbre de formar una familia, institución que engloba nuestro más primitivo instinto social y que conforma la base más importante para el desarrollo del hombre de todos los tiempos.

El modelo es casi universal. Muy pocos son capaces de concebir la idea, por ejemplo, de un matrimonio subjetivo, en el que cada parte viva por separado, ya que esto significaría una gran confusión para los hijos que provengan de dicho matrimonio, pues el ambiente imperante no permitiría obtener un arquetipo de pareja, en el aspecto práctico; no existiría la deseable accesibilidad hacia los padres, dado que la lejanía física no lo permitiría o no sería lo suficientemente cómodo.
El “matrimonio” sugerido se gana, entonces, el adjetivo de “impracticable”, en perjuicio mayor del producto de ese matrimonio: hijos. Se deduce con todo esto -casi en forma anecdótica- que una solución parcial y muy simple, consistiría en evitar la causa del problema, o sea, los niños, pero -y aquí viene lo curioso- ¡Casi nadie concibe un matrimonio sin hijos!. Esta afirmación posee su razón en sí misma: el fin primordial de una especie, es la reproducción.

Podría sonar muy frío y hasta animalizante, por analogía. No negaré eso, pero nadie puede negar tampoco que estamos algo lejos de dejar de ser animales. Sin embargo pensemos en aquellas personas que piensan en ese objetivo explícito: “Martín, me quiero casar contigo para mantener la especie humana”. ¿Alguien ha oído semejante cosa?.

Personalmente, no conozco a nadie que se preocupe por la continuidad de nuestra raza (y me refiero a la humanidad en general, no chinos, gringos, musulmanes o gitanos). Lo realmente existente es la preocupación por la conservación de algún grupo étnico, por causas diversas y muy propias. Los tiempos actuales son tan críticos que sólo es lógico pensar en tales cosas con fines culturales y no biológicos. La población actual del planeta llega a más de 6 mil millones de habitantes, y con tal cantidad de especimenes, lo práctico es disminuir el índice de nacimientos o eliminar a los individuos menos útiles a la sociedad, los cuales han de ser muchos (y esto es algo que de seguro muchos piensan, y que pocos se atreven a decir).

La utilidad de la familia corre el riesgo de convertirse en nada más que un elemento del folklore, un rito humano que ha dejado de tener utilidad real. Nuestra gente está siendo socialmente programada para algo que no ha analizado en profundidad. El hombre moderno ha inventado millones de artilugios que le hacen la vida más llevadera, pero es incapaz de modificar sus leyes sociales básicas, como la familia, que, en un principio, era de importancia esencial para asegurar la existencia de sus descendientes. Pero ahora que ha llegado el futuro ¿cómo crear nuevas teorías acerca de nuestro rol biológico?.
Somos los seres más refinados del planeta, y aún así, no podemos escapar de nosotros mismos. Vivimos atrapados en nuestra propia naturaleza.

SONETO PREMIER

En una gran hoguera provocada
reuniré a los demonios de este día,
y su olor, sus cenizas y agonía
mezclados con mi aliento, serán nada.

En mi eterno rincón, lejos del frío
y lejos del mundo, en señor del fuego
me torno, y en verdugo, un dios ciego
de ciudad que condena el hastío.

Es toda cruel rutina, hija del mal
que habita en esa urbe que la anida,
un demonio con dientes de metal
que engulle cada hora de mi vida;

y la amargura dulce, nicotina,
es el placer mortal que lo elimina.

AB IRATO

No estoy solo, me persiguen unos Ojos;
me observan, todos ellos me delatan,
y delatan que no existo en realidad.
Lo he calculado, de ellos es el juego,
no siempre lo he sabido, he sido el inocente,
su prisionero, un títere hecho de sueños,
colgado en la ventana del jardín,
un jardín que han creído que es el suyo,
con los huesos y cabezas de infelices.

He caído ahora, he caído en un silencio
hacia el centro del planeta. Soy fuego.
Los Ojos me imaginan condenado,
una sombra de la noche, que no siente
y que yace todavía en la ventana,
sosteniendo una espada de madera,
burdo juguete de esos dioses,
señores de lo oscuro y la impiedad.

Son sabios, sin embargo, aquellos Ojos.
Su mirada de desprecio es conceder
la duda al ver la sangre de los mártires.
Ellos saben lo que aconseja
el silencio puro de la tristeza;
saben acerca de la voluntad humana,
vigorosa razón que no perdura,
pero saben también que la noche
nunca es demasiado oscura
para aquel que no puede ver.

Esos Ojos que viven infinitos
en todos los rincones de este mundo,
me han regalado la vida
y me han quitado la muerte.

He huido ahora de esa plaga cruel
y de los humores asfixiantes
que desechan cada momento al respirar.

Soy fuego y de la tierra he despertado
para vengarme de los hijos de la peste;
cubriré los cielos con los míos,
y esos mismos serán mis prisioneros;
andaré por los desiertos vacíos
y los cubriré con mis enojos.

Soy luz ahora, una luz resplandeciente
y cegadora ante los Ojos olvidados
que nadie ha conocido como yo.
Y mi andar no ha concluido;
aún ellos me persiguen, aún existen esos Ojos,
me observan, todos ellos me delatan,
y delatan que no existo en realidad.

THANATOS



Tu vida mi presencia alimenta
habitando en ti confusa;
tu temor así me acusa
de ser la muerte cruenta.

Soy ahora la dulce agonía
recorriendo tu cuerpo inerte,
soy el silencio que pronto advierte
que por fin eres mía.

...ERGO SUM



Absurdos de la existencia
que dilatan la razón,
la demencia y la estupidez,
acabando con la sencillez
de la vida simple,
de la vida insensible,
y la hacen noble
y la hacen intensa;
el dolor comienza
y la hace perversa,
también confusa.

Sombras blancas juegan
con los pensamientos
de la mente inspirada
y las sombras vuelan
en humos inciertos,
en formas absurdas,
como almas de muertos
nacidas del cigarro,
y de mi aliento frío,
en el ambiente sombrío
de las almas de cigarro.

Con el absurdo silencio
de las mentes innobles
y presas de la demencia
bajo la cruel conciencia
de la noble calma,
moriré desangrado,
acabaré ahogado
en mi propia sangre
antes de tomar un cuchillo
y arrancarme el alma,
para no sentir más
la existencia humana
y la lógica sin razón,
tan absurda,
tan vana.

Insanías I



...Ignoro si un filósofo nunca carga un peso, o un céntimo. Generalmente la cantidad de dinero en el bolsillo de un filósofo es relativo a su improductividad, lo que a su vez es relativo a la ignorancia de la gente en su entorno. Entonces, la cantidad de pesos en tu cartera depende de la estupidez de tu ambiente.