4.30.2005

LA FAMILIA Y EL MUNDO FUTURO



Una buena vida, para el común de los terrícolas, se traduce en una familia, integrado en su mayoría (no necesariamente) por: esposo/a, hijos y un perro de esos que salen en los comerciales de TV.
Se asume que la familia debe ocupar una vivienda de aspecto cándido, siendo ideal una casa de campo, alejada de los ruidos y enfermizos gases de la gran urbe.
El hombre -de patillas cortas y con aroma a desodorante fresco- ha de contar con un agradable trabajo, el cual le permita llegar a su hogar a media tarde, aproximadamente. Allí, su bien amada mujer tendrá la comida lista, lo recibirá con un desinteresado beso y enseguida procederá a llamar a los críos para repartirlos alrededor de la mesa e iniciar el rito digestivo (no olvidar que la comida es parte esencial de las relaciones humanas). Luego todos se dirigirán a sus habitaciones a dormir hasta el amanecer. Al despuntar el Sol, la esposa, dama de noble fidelidad, se entregará al menester culinario, con el propósito de alimentar al marido para su buen desarrollo en el trabajo. Terminado el desayuno, él marchará una vez más hacia su labor diaria, después de despedirse con otro beso igual de desinteresado que el día anterior. Los niños imitarán el acto del desayuno, para que, minutos después, se encaminen hacia la escuela, profesando la pulcritud en su vestir, un poco fastuoso peinado y aroma a jaboncillo. Así pronto crecerán, aprenderán alguna monería por la cual alguien les pague, pasarán el 70% de su juventud buscando esposa o marido, se reproducirán y repetirán la larga costumbre de formar una familia, institución que engloba nuestro más primitivo instinto social y que conforma la base más importante para el desarrollo del hombre de todos los tiempos.

El modelo es casi universal. Muy pocos son capaces de concebir la idea, por ejemplo, de un matrimonio subjetivo, en el que cada parte viva por separado, ya que esto significaría una gran confusión para los hijos que provengan de dicho matrimonio, pues el ambiente imperante no permitiría obtener un arquetipo de pareja, en el aspecto práctico; no existiría la deseable accesibilidad hacia los padres, dado que la lejanía física no lo permitiría o no sería lo suficientemente cómodo.
El “matrimonio” sugerido se gana, entonces, el adjetivo de “impracticable”, en perjuicio mayor del producto de ese matrimonio: hijos. Se deduce con todo esto -casi en forma anecdótica- que una solución parcial y muy simple, consistiría en evitar la causa del problema, o sea, los niños, pero -y aquí viene lo curioso- ¡Casi nadie concibe un matrimonio sin hijos!. Esta afirmación posee su razón en sí misma: el fin primordial de una especie, es la reproducción.

Podría sonar muy frío y hasta animalizante, por analogía. No negaré eso, pero nadie puede negar tampoco que estamos algo lejos de dejar de ser animales. Sin embargo pensemos en aquellas personas que piensan en ese objetivo explícito: “Martín, me quiero casar contigo para mantener la especie humana”. ¿Alguien ha oído semejante cosa?.

Personalmente, no conozco a nadie que se preocupe por la continuidad de nuestra raza (y me refiero a la humanidad en general, no chinos, gringos, musulmanes o gitanos). Lo realmente existente es la preocupación por la conservación de algún grupo étnico, por causas diversas y muy propias. Los tiempos actuales son tan críticos que sólo es lógico pensar en tales cosas con fines culturales y no biológicos. La población actual del planeta llega a más de 6 mil millones de habitantes, y con tal cantidad de especimenes, lo práctico es disminuir el índice de nacimientos o eliminar a los individuos menos útiles a la sociedad, los cuales han de ser muchos (y esto es algo que de seguro muchos piensan, y que pocos se atreven a decir).

La utilidad de la familia corre el riesgo de convertirse en nada más que un elemento del folklore, un rito humano que ha dejado de tener utilidad real. Nuestra gente está siendo socialmente programada para algo que no ha analizado en profundidad. El hombre moderno ha inventado millones de artilugios que le hacen la vida más llevadera, pero es incapaz de modificar sus leyes sociales básicas, como la familia, que, en un principio, era de importancia esencial para asegurar la existencia de sus descendientes. Pero ahora que ha llegado el futuro ¿cómo crear nuevas teorías acerca de nuestro rol biológico?.
Somos los seres más refinados del planeta, y aún así, no podemos escapar de nosotros mismos. Vivimos atrapados en nuestra propia naturaleza.

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