5.22.2005

EPISTOLARIOS I

(...)

Reconozcamos la realidad de la vida, sus limitados presentes, sus contados pasados y sus infinitos futuros. Lo contemplamos todo bajo el ojo del presente, y lo bello del mismo, sea que lo hayamos procurado como tal, entonces será satisfactorio, y para mañana será el recuerdo igualmente así.

Imaginemos el hecho de que me llegue una bala perdida o me apuñale un ladrón. Mi muerte habrá sido con el recuerdo de la satisfacción de ayer, pero con el enojo y el miedo del momento de mi muerte, claro. Lo realmente trascendente no habrá sido mi ayer, sino lo que hizo que me encontrara en la circunstancia en que fui muerto, y veo entonces que el sentimiento más fuerte de regocijo, rabia o tranquilidad, va a darse en mi muerte.

La satisfacción de ayer habrá quedado en el ayer y en el hoy, futuro de ayer. De hecho, no podría haber adivinado lo que iba a pasar, pero tampoco era imposible que sucediera. Esta satisfacción, casi secundaria, no tiene un momento de forzosa quietud. El recuerdo, siempre relativo, va a trasladarse en el tiempo y va a detenerse en la muerte, en donde no se recordará más, o ya no tendrá efecto alguno en mi vida, pues ésta ya no se dará. Asimismo, la serie de hechos, fortuitos o no, que llevaron a mi muerte, será importantes en el momento. Las dos cosas van a tener importancia en el día de mi inexistencia.

Lo relevante de una línea dibujada sobre un papel, va a ser el final de esa línea, la cual nos va a señalar cuán larga es. Es importante, tanto como el empiezo. La línea no va a existir si no existe un punto de origen y un punto de término. Si mi vida ha empezado, será igual de importante que mi nacimiento, mi muerte, porque en ella se medirá la longitud de mi felicidad, línea de vida, pero ésta concentrará su importancia en los mencionados dos puntos, y, dado que no tuve el control del día de mi nacimiento, queda considerar relevante a mi muerte.

Si tuviéramos un círculo, en el que el punto de inicio y el del final parecen no existir, tendremos una simple deducción, pensándolo como un fenómeno racional: el círculo no pudo dibujarse sin tener un inicio, pues sino no estaría allí.

Si el que dibujó el círculo es o no la misma persona en ese entonces, siempre estará conciente de que hay en algún lado un origen, aunque él mismo no pueda hallarlo. Respecto al fin, es obvio que también el círculo contiene uno. Cabe también la posibilidad de que el dibujante continúe dibujando el círculo, entonces no hay un final aún.

El círculo va a ser una línea infinita para todos los demás, pero no para el que lo trazó, a menos que pierda la conciencia de él mismo y de su acción. Es dios ante todos los que admiran la circularidad.

(...)

El hecho concerniente a mi vida, como ya dije, es el término de ésta, y me es inherente; tengo posibilidad de manejarlo. Sin embargo, luego de la vida, no puedo pensar racional ni lógicamente en algo, porque, sencillamente, luego de la vida, ignoro todo, y no puedo preocuparme (al no tener hechos comprobables) en algo que desconozco.

3 comentarios:

indigo dijo...

Es una lastima q no haya tenido al menos hoy el tiempo suficiente para leer mas de ti, un poeta?, porq muerto?, metafora?, sarcasmo?... en fon!. Bien, no pretendo decir q regresare por aca pronto ... pero si quiero leer mas, no es lo mismo dar una hojeada.
Que bueno haber caido en un blog como el tuyo de casualidad, quise tener el formato tuyo desde un principio, pero por "Y" motivos no se pudo.

Kat dijo...

(...)
el costo de la oportunidad

indigo dijo...

Ni con mi acostumbrada manìa (peligrosa y algo monse a veces), logrè entender a sophe, o mejor dicho a su comentario... q màs da eso, si o no?.
Leìste algunos garabatos mìos?. Es cierto, soy egoìsta, aunq unas veces màs q otras.... Muchìsimas gracias -muy sinceras- por la idea de sacarme de cuadro... pero ya lo hiciste. Las personas q no corrigen errores gramaticales me sacan de cuadro inmediatamente. Cuando estè deambulando por aca, en vez de en el site' donde dejè de practicar... echarè màs Ojeadas a màs blogs. Ojalà!!. 2 besos.