5.04.2005

LA TARDE INVISIBLE




La tarde invisible
se metió entre tus venas.

Tu corazón helado vio morir
su reflejo,
tu vida dibujada al amanecer,
el rostro pálido escapando de la noche;
esa noche
que ocultó tus pensamientos
en las sombras de una calle
desolada.

Existen ecuaciones en la vida,
superiores a la mente y a las ciencias.

Ánimas, operaciones incompletas,
existen por la inútil matemática
de los días
sumados al latido que alimenta
el hábil condimento de la voz
que se apaga,
como rojo fuego ensombrecido
y devorado por la crueldad del sol
que se aleja.

La humedad, perpetuando los recuerdos,
en mi rostro hace mágicos deslices.

Prodigios mudos logran estas tardes,
y estas noches que enfriaron la tibieza
de tus manos,
y esa sangre que enfermaba tu destino,
y que sólo la mañana del ayer
vio vivir.

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