11.11.2005

Desvarío II



Hay cosas que no necesitan de nosotros.
Ayer fue mi cordura
y hoy unos insectos que habitan en mis manos.

Han decidido darme ahora una función.
Dicen conocerme tanto
que opinan que mi boca está de más
y que nada va a escapar a sus saberes
(sus saberes saben más que mis ensueños)

Siéntate, lee.

Y se mueven diez gusanos frente a mí,
retorciendo sus cabezas para mi deleite.

A veces sus palabras son incomprensibles
(idioma de gusanos
idioma superior a mi intelecto).

Sabe Dios si las llegaré a entender.

¿Quién es Dios?

Dios es un viejito que lo sabe todo,
y es casi tan viejo
como el Dios que estuvo antes de él.
Deben gustarle estas funciones,
es un Dios muy erudito,
es un Dios que ha leído más que yo
y más que el Dios que estuvo antes de él.

Yo nunca he comprendido a estos insectos,
ni a estos diez que no trabajan a la par,
ni a ese Dios con cabeza de gusano
que a veces se ejercita rompiendome las uñas
o robándose mi almohada a medianoche.

No sé si acaso me escribió con lucidez.
No lo culpo. Puede que una tarde
llegue a descubrir que no lo estaba.
A veces está ebrio el pobrecito
y lo perdono
pues no sabe lo que hace.

Y no sé si formo parte de su mano
o es que me retuerzo sin motivo.

Nunca entiendo, nunca entiendo,
a estas criaturas que renuncian a mis manos
para olvidarse así de mí.

Se irán como se fue Dios,
sabiendo mis verdades y mentiras.
Y no puedo hacer más nada
por ser como antes del olvido.
Se van y no regresan.
Hay cosas que no necesitan de nosotros.





Erick Strada