12.23.2007

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Ayer quiso mostrarse ante el reflejo blanco del papel. Gritó y gritó con el temblor de su boca infantil mientras sus labios besaban mi sombra. La esquina de la habitación aprendió a atrapar las palabras tristes que caían de ambos cuerpos al llorar una canción hambrienta.

(Nadie vino a guardar su mundo en cofres de sangre. Nadie reconoció la marca sobre el pecho sin alguna fotografía alrededor de sus manos)


Erick Strada